En la Universidad de Valencia, un equipo de 40 voluntarios trabaja en la recuperación de las instantáneas dañadas por el agua y el barro. El objetivo último es salvar la memoria de familias y pueblos. Los expertos voluntarios han diseñado un protocolo que consiste en lavar, secar y estabilizar, pero tienen que improvisar porque el volumen de material es ingente y los recursos, escasos. Limpian las imágenes con agua corriente y agua destilada. Las recogen de las cubetas con sumo cuidado de no tocar directamente el papel fotográfico en ningún momento. Retiran el barro que queda con pinceles. Y, finalmente, las secan por oreo para que se les vaya la humedad y el olor con el que llegan.EDUARDO MANZANA / EP
